No voy a olvidar nunca la sensación que tenía de pequeña cuando llegaba a su casa. Una especie de desesperación, ansiedad, alegría. Viajar allá a Valparaíso, a la casa llena de risas, a la fábrica de helados eternamente chocolate y frutilla, la plaza con ese tobogán gigante gigante al que me prometí mil veces subir...
No estoy triste. Eso sería egoísta, no ? Me quedo con su risa, esa ahogada como la de mi tata, sus ojos chinitos, su panza enorme. Siempre traté de adivinar el tiempo mirando las estrellas como lo hacíamos en ese balcón. Hoy sé que estás ahí :)
